martes, 14 de enero de 2014

Recordando

    Mientras termino una entrada sobre sanidad que llevo días intentando rematar, viene a mi cabeza una historia que hoy, desde la distancia que me dan el tiempo y el espacio, me apetece contar.
    Se llamaba... Digamos mejor que su nombre empezaba por E. Por aquel entonces, cuando yo la conocí, tendría unos veintidós o veintitrés años y llevaba ya un tiempo viviendo sola en Oviedo. Era de la zona de occidente y había tenido que irse muy joven a la capital, donde había hecho un módulo de FP, no recuerdo muy bien de qué.
    La conocí trabajando. Estábamos en el mismo local. Yo me dedicaba a una cosa y ella a otra. Mi trabajo era una mierda y el suyo era infinitamente peor. Yo hacía horas que no me pagaban y tenía un horario partido de mil demonios. Ella trabajaba en turnos de más de diez horas, aunque el cabrón de nuetro jefe solo la había asegurado a media jornada. 
    El buen caracter de E. hizo que muy pronto entablásemos una cierta amistad, que al cabo de un par de meses nos permitió poder hablar de cosas un tanto personales. En ese tiempo E. se fue a vivir con su novio, con el que llevaba bastante tiempo, no recuerdo cúanto, pero sé que me pareció mucho. Mientras tanto corrían los meses mientras yo pensaba en buscar un trabajo mejor e intentaba no conformarme. Fueron tiempos difíciles. 
    Un día cualquiera E. me contó que se había quedado embarazada. Estaba muy contenta porque quería mucho a su novio y aunque no había sido algo buscado creía que iba a ser algo muy bueno para la pareja. A mí me pareció algo arriesgado y muy prematuro teniendo en cuenta el trabajo de ambos, pero por una vez supe tener la boca cerrada y no dije nada. 
    E. estaba de unos dos meses cuando su novio la dejó. Resulta que llevaba tiempo viéndose con otra y al quedarse E. embarazada pensó que era preferible quedarse con la otra chica. A E. le dijo que no quería adquirir determinados compromisos. A los pocos días de que sucediera aquello E. me contó que iba a abortar. Le pregunté que si no le daba pena, pero enseguida me arrepentí de mi indiscreción. Por nada del mundo quería hacerla sentirse peor. Ella me contestó que claro que le daba pena, pero que qué iba a hacer con un crío, currando diez horas al día y con un sueldo que no llegaba al salario mínimo. Además estaba lo del embarazo en el trabajo. Ambas sabíamos que nuestro jefe no iba a tardar en buscar alguna forma para largarla en cuanto se enterara. ¿Qué decirle a ella en esos momentos? No supe consolarla. Me dio mucha pena. A los dos días E. abortó en una clínica privada. Al día siguiente de la intervención no le quedó otro remedio que ir a trabajar. Tenía mala cara y la tripa hinchada, pero como ella misma me dijo: "hay que seguir".
    Al poco tiempo yo dejé de trabajar allí. Mi jefe, todo corazón y honradez, aprovechó para darme de baja mientras yo estaba de vacaciones. 
    Vi a E. un tiempo después. La encontré bastante bien. Tenía otro novio y había conseguido un trabajo con mejores condiciones.
    Fin de la historia. Una historia real que regresó a mi cabeza así, de repente. 
    No opino, no juzgo, solo lo cuento. Que cada uno haga sus propias reflexiones. 
   

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